Pag.8 Entrevista a Julio Ramón Ribeyro.

–La vida la concibo como algo completamente irracional, imprevisible, donde no ha lógica ni dirección u objetivo determinados; al menos, no perceptibles para los humanos. ¿Para qué existen los seres vivientes? Cada vez que veo un bicho en mi casa me pregunto para qué diablos existe, qué función cumple este ser viviente que se mueve, hace desesperados esfuerzo por sobrevivir y, de pronto, alguien le da un pisotón y ahí terminó su vida.


Eso pertenece a su “terca costumbre de añadirle a las cosas una significación o inversamente extraer de ellas un mensaje” (texto 170 de Prosas apátridas).


–Sí, justamente. Ese es uno de los aspectos de mi espíritu filosófico: tratar de interrogarme siempre, buscar un sentido a las cosas sin poder nunca encontrarlas, pero en fin...


Lo anterior tal vez influya en sentido pesimista de la historia. Usted dice en el texto 12 de Prosas apátridas: “La historia es un juego cuyas reglas se han extraviado. Filósofos, antropólogos, sociólogos y políticos las buscan, cada cual por su lado, de acuerdo con sus intereses o a su temperamento. Pero solo encuentran retazos de ellas. Lo terrible sería que después de tantas búsquedas se llegue a la conclusión de que la historia es un juego sin reglas o, lo que es peor, un juego cuyas reglas se inventan a medida que se juega y que al final son impuestas por el vencedor”. Se observa que hay un tono pesimista en todo lo que dice.