Fragmentos
de un
evangelio
apócrifo
Jorge Luis Borges
Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a sí mismo.
Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.
Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.
Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.
No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.
El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa.