Ojos de gato
Cuando veo las cosas sin interés
y entre nuestras miradas
hay un laberinto por resolver,
no siempre es la noche,
la que guarda un sentimiento pobre
en un bolsillo hueco lleno de olvido.
Quieto,
puedes llorarme a gritos
mientras mi camino pasa
y el tiempo se cansa,
y aún así,
no encuentro tu rincón.
Quieta,
cría de una mentira preñada,
cree que me engaña,
y en lo más oscuro de mi alma,
quiere roer mis entrañas.
Puedo dejarla crecer.
Cerrar mis ojos y vivir.
Mas no está en mí tal naturaleza.
Por eso,
no siempre es la noche
la que clava mis ojos
buscando una mentira
que huye en tu mirada.